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Son muchas las veces que he leído esta historia, y cada vez que la leo encuentro algo nuevo. Es que es tan fascinante analizarla una y otra vez. La historia se relata algo así, seré breve.

 Había una vez una familia que vivía muy bien económicamente. Tenía un hogar tan grande que contaba con personal para desarrollar cualquier actividad que fuera necesaria para mantener este lugar en óptimas condiciones. Quiero creer que el padre de familia era un buen hombre de negocios, quizá uno de los mejores en ese tiempo. Pues resulta que pasaron los años. Sus hijos crecieron en un mundo tan cómodo de riquezas que no muchos podían tener.

 El menor de los hijos, decidió tomar su herencia por adelantado. Probablemente el solo hecho de ver cómo su padre obtenía todas estas riquezas le provocaba unas ganas exageradas por empezar sus propios negocios. El joven tenía una idea de cómo invertiría su herencia para hacer algo interesante de su vida.

¡El día de recibir la herencia llegó! La cantidad rebasaba su expectativa y al ver la gran suma y el valor de su herencia se confió y optó por disfrutar derrochando su dinero. Se aparató de la cuidad donde vivía y conoció nuevos lugares, encontró nuevos “amigos” y muchas “amigas”. Comenzó a vivir arrojándose a la perdición. Una vida en la cual se sentía libre, una vida sin límites y donde podía hacer lo que le apasionaba. A este muchacho se le olvidaron sus buenas intenciones de hacer algo bueno de su vida y perdió toda su herencia.

 Después de haber cometido tantos errores sabía que a su padre no le agradaría escuchar los lugares y las personas donde había gastado todo su dinero. Pero eso no fue lo más triste, no sólo perdió el dinero que le correspondía, también perdió la esperanza de vivir, perdió su identidad. Ya no tenía suficiente dinero, sus falsas amistades se alejaron y ya no tenía un hogar.

 En la cuidad donde estaba establecido hubieron muchos problemas económicos, por tal motivo no había probabilidades de poder retomar su vida. Su herencia eventualmente se terminó.

Vivió una vida que jamás imaginó tener. Buscaba donde pasar las noches y encontrar algo de alimento. Pidió a un hombre que le permitiera refugiarse en su hacienda, este hombre aceptó, pero el único lugar a donde podía enviarlo era a su establo para que apacentara cerdos. Esa era toda la esperanza de poder tener un techo. Al no contar con alimentos, se vio en la necesidad de comer lo que a los cerdos les daba.

 Bueno, ¡quizá ya sabes que historia es!  

 Este muchacho tomó la decisión de regresar a casa. De una manera increíble, su padre lo recibió con mucho amor, lo aceptó una vez más en casa y le hizo una fiesta especial. Su papá le volvió a dar la comodidad que una vez tuvo.

¿Muy bonita historia verdad? Un mensaje de esperanza y oportunidad.

 

Pero noté algo que jamás había analizado. Y es que esto nos sucede muy seguido a nosotros.

¡A su hermano mayor no le agradó la decisión de su padre! Y honestamente,¿Cuántos de nosotros cuestionamos las decisiones de nuestros padres?

Este hermano estaba molesto y con justa razón, por que su padre no sólo le había dado la herencia a su hermano, ahora resulta que también le restauró su familia, lo sacó de la pobreza, le regresó todo lo que tenía y súmale que el hermano nunca había sido una persona muy amable. ¿Cómo te sentirías si estuvieras en su lugar?

Quizá tu hermano o hermana no es tan trabajador como tú lo eres. Sé que en muchas ocasiones te toca ser ese hermano que sientes que ya haz hecho mucho en la casa de papá y no recibes nada. Sientes que debido a tu responsabilidad y a tu experiencia mereces algo especial.

 De igual forma el hijo mayor ( el que nunca se había ido) esperaba que debido a su responsabilidad y experiencia en los negocios de su padre, le diera algo especial, por lo que el padre le recordó que el habitaba donde ya lo tenía todo y sólo bastaba que se diera un tiempo para poder gozar lo que ya era suyo.

 Para concluir, observé que ya no podemos seguir quejándonos o molestándonos de como nuestro padre trata a nuestros hermanos. Entiendo y comprendo que a veces ellos cometen cada cosa, y ¿Por qué no mencionar algunas de estas cosas? ellos se envuelven en drogas, alcohol, fornicación, adulterio, étc. Abandonan sus llamados y lo dejan todo por placeres momentáneos. Es aquí cuando debemos formar un corazón tan grande como nuestro universo para amar a nuestros hermanos.

 No cuestiones las bendiciones que Dios ya te dio. Disfruta de cada una de ellas sin importar si a ti te parecen poco. Es preferible tener eso, que tener mucho y perderte como le pasó al Hijo Pródigo.

 

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